Mostrando entradas con la etiqueta copy paste. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta copy paste. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2009

Una cosa es ser aficionado al manga y al anime y otra cosa es ser un idiota

Últimamente la gran mayoría de los otakus me dan vergüenza ajena. Pero no me refiero al chaval que está sentado en el sillón de su casa viendo la serie de turno (eso es de lo más respetable que hay), sino cuando se juntan unos cuantos y empiezan a comportarse como si fuesen gilipollas.
Ejemplo: minuto 3:15


Esta es una clase de comportamiento que como aficionado al anime me toca los cojones bastante, haciéndonos quedar como putos psicópatas y depravados mentales.

Otra situación que me provoca arcadas es el fenómeno que se ha puesto de moda últimamente en las ferias del manga de llevar carteles con el típico "Regalo abrazos". Este movimiento tan bonito que inició Juan Mann allá por el año 2004 (link) con el fin de repartir un poco de cariño por el mundo se ha prostituido totalmente en las ferias del manga donde la gente lo lleva únicamente con el fin de conseguir correos de chic@s para poder ligar.

La cosa ha derivado hasta tal punto que te puedes encontrar detalles como el de este vídeo:



En fin, cosas como estas y otras cosas más que no voy a pasar a comentar porque no me apetece ponerme de mala leche.

La frase del título y uno de los vídeos los he sacado de la cuenta de youtube de un chaval que se llama Víctor Balaguera.
La verdad es que comparto bastante su opinión acerca del panorama "friki" nacional. Si quieres ver alguno de sus vídeos pincha aqui.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Kevin Mitnick: El Hacker

Kevin Mitnick está de gira y ha recalado en Madrid. El hacker (o pirata informático) más famoso de la historia se dedica ahora a dar conferencias y a ofrecer sus servicios de seguridad informática de su empresa Mitnick Security Consulting.

Tras pasar cinco años en la cárcel por diversos delitos como robo de software, fraude electrónico e intercepción de comunicaciones, ha salido reformado y está del lado luminoso de la informática.

"No echo de menos mi tiempos de rebeldía. Ahora las empresas me pagan para que entre en sus redes y encuentre sus vulnerabilidades de seguridad. Y todo el mundo gana. Yo disfruto haciendo las cosas que me gustan, que es detectar los fallos de seguridad y, a la vez, ayudo a mis clientes en lugar de causarles daño", señaló hoy Mitnick en un encuentro con EL PAÍS.

Mitnick se muestra orgulloso de que algunas empresas a las que hackeó le contraten ahora como Nokia, Novell o Fujitsu, que incluso llegó ofrecerle ser el máximo responsable de seguridad. "Es muy emocionante que las compañías a las que tanto daño causé tengan interés en solicitar ahora mis servicios. No sé si soy un hacker blanco (whitehats, como se les conoce en el argot a los expertos en seguridad que juegan a favor de las empresas). Los tiempos cambian. Se puede decir que he madurado".

Perseguido incansablemente por el FBI, .Mitnick no sólo escapaba a la persecución sino que burlaba a los agentes, localizándoles por sus móviles y jugando al ratón y al gato. "A mí me parecía muy divertido pero a ellos no les debió parecer tan gracioso. Así que cuando finalmente me atraparon me lo hicieron pasar verdaderamente mal".

Mitnick pasó cinco años en la cárcel, de 1995 a 2000, en un duro régimen de asilamiento que le prohibía usar cualquier tipo de dispositivo electrónico (televisión incluida) e incluso para comunicarse con su abogado o sus familiares. "El fiscal llegó a decir que me prohibieran el acceso a cualquier teléfono porque silbando en el móvil podía provocar una guerra nuclear.”

“O decían que sólo en un floppy (los primeros discos flexibles de muy escasa capacidad) contenía archivos peligrosos que podían causar un grave problema de seguridad nacional. Me trataban como si fuera el Hannibal Lecter de los hackers. Y no lo soy, se lo aseguro".

Pese al acuerdo extrajudicial, Mitnick se muestra muy descontento con la Justicia estadounidense "porque vulneraron mis derechos constitucionales, como el derecho a un juicio o a comunicarme normalmente con mi abogado".

Al final tuvo que llegar a un acuerdo con el Gobierno: "Me autoinculpé de cosas que hice y también de las que no hice. Pero no tenía más remedio porque de no ser así me hubiera pasado toda la vida de juicio en juicio". Cuando salió de la cárcel, las autoridades le aplicaron una cuarentena electrónica.

"Sólo accedieron a dejarme hablar por el móvil porque mi padre tenía una enfermedad pero me revisaban la factura telefónica todos los meses. Y estaba escribiendo mi libro y sólo me autorizaban a usar el programa del procesador de textos".

El ahora empresario ha escrito dos libros -El arte de la decepción y El arte de la intrusión- y sobre su vida se inspiró la película Take Down, de la que se queja "porque mezclaba verdades y mentiras para desacreditarme".

Para poner las cosas en su sitio, Mitnick prepara ahora una autobiografía donde contará las verdaderas peripecias de El Cóndor, su apodo de guerra en los tiempos de hacker. "Ya ha habido varios estudios de Hollywood que se han interesado por hacerse con los derechos para filmar una película".

Mitnick, que participará mañana en el Cluster de Seguridad de la Comunidad de Madrid, invitado por el Instituto Madrileño de Desarrollo, dice que Internet ofrece muchas vulnerabilidades pero pese a ello defiende la libertad de la Red y no es partidario de la ilegalización de los programas de intercambio de archivos P2P (peer to peer).

"Sólo tienes que tener mucho cuidado de ver qué parte de tu disco duro compartes en realidad".


ElPais.com

lunes, 10 de noviembre de 2008

Frases célebres: Shakespeare (Tercera parte)

Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso, las horas y el tiempo pasan.

Oh es bueno tener la fuerza de un gigante, pero no usarla como un gigante.

Ten más de lo que muestras; habla menos de lo que sabes.

Los mejores hombres son los de pocas palabras.

Ningún minuto de nuestra existencia debiera pasarse sin algún placer.

La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.

La mente del hombre es de mármol; la de la mujer de cera.

El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos.

El pasado es un prólogo.

Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Frases célebres: Shakespeare (Segunda parte)

Duda que sean fuego las estrellas, duda que el Sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.

El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.

Sabemos lo que somos, pero aún no sabemos lo que podemos llegar a ser.

Pienso que el Rey es sólo un hombre como yo: la violeta le perfuma como lo hace conmigo.

Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. -Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.

En un minuto hay muchos días.

Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

La masa no es masa porque sean muchos, sino porque no piensan

Por encima de todo, siempre creemos que tenemos razón, que la lógica nos acompaña. A lo mejor no es así. Pero a nosotros nos basta con creer lo que creemos. Y, en según que ocasiones, hablamos de esta manera:
-Lo bueno, lo verdaderamente bueno es lo que más tiempo tarda a imponerse, lo que más tarda en comprenderse, lo que a veces no llega ni a esa imposición o comprensión.
-Así, según tú, ¿son los mediocres y no los genios los que se impondrán?
-Con rapidez, sí.
-Eso no es natural.
-No es natural pero es lógico. Es la masa la que aplaude y la que aprueba. La masa es mediocre. Los mediocres captan antes lo mediano, la mediocridad, que lo superior. Lo asimilan mejor, y se comprende, pues si no fueran vulgares, adocenados, no ocuparían en la vida el puesto que ocupan, no serían como esa mediocridad que aprueban. Pero son ellos los que deciden, los que determinan a pesar de todo; cuando menos, momentáneamente.

Hay una juventud que aguarda - Francisco Candel

miércoles, 15 de agosto de 2007

La noche de los feos - Mario Benedetti

I

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

"¿Algo cómo qué?"

"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."

"Prometo."

"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"

"No."

"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

"Vamos", dijo.



II


No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

domingo, 29 de julio de 2007

Ser o no ser

¡Ser o no ser; he aquí la cuestión! ¿Cuál es más digna acción del ánimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con su atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza...? Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Sí, y ver aquí el grande obstáculo; porque el considerar qué sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga. ¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito, de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con sólo un puñal? ¿Quién podría tolerar opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la muerte, aquel país desconocido, de cuyos límites ningún camino torna, nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta previsión nos hace a todos cobardes: así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos.

Hamlet

viernes, 1 de diciembre de 2006

El camino de vuelta a vivir

Igual que ayer
llovía tristeza
como estrella fugaz,
que muere discreta, efímera,
sin dejar rastro al marchar.

Hoy la mañana tiene la tontería,
y la mirada del Sol
está cansina, legañosa y hastía,
despliega sus rayos con sopor.

Estorba la mañana a quien
no es capaz de comprender
que tres y seis no son diez,
que es quien es y no quien cree.

Ahogar la locura es como intentar
tapar y ocultar con un dedo el Sol.
Parir pensamientos es como vaciar
sólo con mis manos el mar.

Vivo dentro de esta jaula de huesos
mi mente un día echó a volar,
más allá del país de las maravillas
Alicia un día le oyó preguntar
por el camino hacia la tierra de Oz
en busca de lucidez y razón.
Salir de su celda, que es para él la realidad,
dar con la llave oculta en su interior.

Pues yo quiero desnudar mi alma de tinieblas ya.
Pues yo quiero despertar y saber por qué amar.

Dame la paz... y te alzaré un templo.
Hazles callar... hay voces aquí.
Dame la paz... pues busco y no encuentro.
El camino de vuelta a vivir.

Los Renglones Torcidos De Dios - Magö de Oz

http://www.goear.com/listen.php?v=a237ab5

sábado, 25 de noviembre de 2006

La crisis del cuarto de vida

Solo quería pegar un mail que me acaba de llegar.

Le llaman la "crisis del cuarto de vida". Te empiezas a sentir inseguro y te preguntas dónde estarás en un año o dos, pero luego te asustas al darte cuenta que apenas sabes donde estás ahora. Te empiezas a dar cuenta que hay un montón de cosas sobre ti mismo de las que no sabías y que quizás no te gusten. Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos es más pequeño que hace unos años atrás... Te das cuenta que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios... por diferentes cuestiones: trabajo, estudio, pareja, etc... y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato. Las multitudes ya no son "tan divertidas"... hasta a veces te incomodan. Y extrañas la comodidad de la escuela, de los grupos, de socializar con la misma gente de forma constante.
Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos, otros no eran tan especiales después de todo. Te mpiezas a dar cuenta que algunas personas son egoístas y que alo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan ser amigos de los mas importantes para ti. Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntas como esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal. O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor. Y pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios y lgunos empiezan a casarse. Quizás tú también amas realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida.
Atraviesas por las mismas emociones y preguntas una y otra vez, y hablas con tus amigos sobre los mismos temas porque no terminas de tomar una decisión. Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estúpido. Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo. Miras tu trabajo y quizás no estés ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo. O quizás estés buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo. Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes.
Ves lo que los demás están haciendo y te encuentras a ti mismo juzgando un poco más de lo usual porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es. A veces te sientes genial e invencible y otras... solo, con miedo y confundido.
De repente tratas de aferrarte al pasado, pero te das cuenta que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando. Te preocupas por el futuro, préstamos, dinero... y por hacer una vida para ti. Y mientras ganar la carrera seria grandioso, ahora tan solo quisieras estar compitiendo en ella. Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello.
Todos nosotros tenemos "veintitantos" y nos gustaría volver a los 17-18 algunas veces. Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza... pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos... Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro.
Parece que fue ayer que teníamos 18... ¿¡Entonces mañana tendremos30! ? ¿¿¿¡¡¡Así de rápido!!!??? HAGAMOS VALER NUESTRO TIEMPO... ¡QUE NO SE NOS PASE! La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento...

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Oye mi amor

No sabes cómo te deseo
No sabes cómo te he soñado
Si tú supieras que me muero
Por tu amor y por tus labios
Si tú supieras que soy sincero
Y yo soy derecho y no me rajo
Si tú supieras lo que te quiero,
Podría darte todo hasta mis ojos
Pero tú ya tienes otro,
Un tipo frío y aburrido,
Un tonto que es un reprimido
Eso no te pega a ti,
No te va

Oye mi amor
No me digas que no
Y vamos juntando las almas
Oye mi amor
No me digas que no
Y vamos juntando los cuerpos

Conmigo tú alucinarías, cómo no
Contigo yo hasta el fin del mundo
Contigo yo me perdería
Contigo yo quiero todo
Y nada a medias
Pero tú ya tienes otro,
Un tipo frío y aburrido
Un tonto que es un reprimido
Eso no te pega a ti,
No te va

Oye mi amor - Maná

http://www.goear.com/listen.php?v=69dc6a3