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lunes, 10 de diciembre de 2007

Mythologia 9: El juicio de Paris

El príncipe Paris, hijo de los reyes de Troya, Príamo y Hécuba, vivía como un pobre pastor en las montañas cercanas a la ciudad de Troya.
Cuando la reina Hécuba estaba embarazada de Paris, soñó que daba a luz a una antorcha que incendiaba Troya. Los oráculos (adivinos) vaticinaron que el niño que llevaba en sus entrañas causaría la destrucción de Troya. Por eso cuando Paris nació fue abandonado en el monte Ida, cerca de Troya, para que muriera. El recién nacido fue encontrado por unos pastores que lo llamaron Alejandro, que significa «el hombre protegido» y lo educaron como si fuera su hijo. Paris desde pequeño estuvo dotado de una gran belleza y un gran talento para tocar la lira.

Zeus organizó un banquete para celebrar la boda de la diosa Tetis con el mortal Peleo, pero se olvidó de invitar a Eris, la diosa de la discordia. Eris se presentó en la boda y, sin que nadie la viera, dejó una manzana de oro con la inscripción «para la más bella». Tres diosas reclamaron la manzana: Hera, Atenea y Afrodita y pidieron a Zeus que juzgase cual de las tres era la más bella. Zeus, temeroso de enfadar a las perdedoras, no se atrevió a elegir a ninguna. Decidió que el mortal Paris que siempre había vivido en el campo, alejado del mundo y de las pasiones humanas actuara como juez de aquel singular concurso de belleza.
Un día que Paris estaba cuidando el ganado en la montaña, se le acercaron Hera, Atenea, Afrodita acompañadas de Hermes, el mensajero de los dioses, que le explicó que había sido designado por Zeus para que eligiera a la diosa más bella.

Tras bañarse en el manantial del monte Ida, las diosas se desnudaron ante Paris para mostrarle sus encantos. Las tres le parecieron igual de hermosas. Cada una de las diosas le ofreció una recompensa si la elegía. Hera, esposa de Zeus, el poder sobre las tierras de Europa y Asia, Atenea, diosa de la inteligencia y de la guerra, le ofreció la victoria en las batallas y Afrodita, diosa del amor y la belleza, el amor de la mujer más bella del mundo. Paris sabe que las dos diosas que no resulten elegidas se enfadarán con él, pero no puede declinar su responsabilidad como juez. Deslumbrado por la belleza de Afrodita le entrega la manzana. Desde entonces Afrodita se convierte en la gran protectora y benefactora de Paris y de su pueblo, mientras que Hera y Atenea, ofendidas, juran vengarse.

Poco tiempo después unos sirvientes del rey Príamo robaron a Paris uno de sus mejores toros para entregarlo como premio en unos juegos funerarios que iban a celebrarse en Troya, precisamente en honor del príncipe Paris.
Para recuperar su toro, Paris se presenta como concursante y vence en los juegos. Su hermano Deífobos, siente envidia e intenta matarlo. Paris se refugia en el templo de Zeus, su hermana Casandra lo reconoce pero nadie la cree. Paris muestra los pañales con los que le envolvieron de niño. Su madre, por fin, lo reconoce y Príamo, olvidando los malos augurios, decide acogerlo y concederle todos los honores como príncipe de Troya. Paris no quiso dejar la vida de pastor, por lo que rogó a su padre que le concediese el privilegio de cuidar los rebaños reales.

La mujer más hermosa del mundo era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta.
Micenas y Esparta negociaban con Troya un tratado para asegurar la llegada de especias y otras mercancías a través del estrecho de los Dardanelos. Paris se ofreció para esta misión diplomática.
Cuando llegó a Esparta fue recibido con todos los honores por el rey Menelao que le mostró sus tierras, su palacio y organizó un banquete en su honor al que asistieron todos los reyes griegos. Cuando Paris se enteró que la mujer que Afrodita le había prometido era Helena, reina de Esparta, esposa de Menelao, pidió explicaciones a Afrodita, porque no le había dicho que la mujer más bella estaba casada. Afrodita le dijo que no se preocupara e hizo que Helena se entregara a Paris.
Menelao debió embarcar rumbo a Creta para los funerales de un pariente y encomendó a su esposa que despidiese a su huésped.
Helena huyó con Paris a Troya, abandonando a su marido y a su hija Hermione de nueve años. Cuando los amantes llegaron a Troya sorprendieron a los troyanos. En el palacio real algunos recibieron bien a la recién llegada, pero el príncipe Héctor sabía que el rapto de Helena desencadenaría una guerra contra Troya por lo que aconsejó que fuese devuelta. Paris convenció a la mayoría de la asamblea diciendo que había actuado en nombre del amor y Helena se quedó en Troya.
El rapto de Helena desencadenó la Guerra de Troya narrada por Homero en la Iliada.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Mythologia 8: Meleagro y Atalanta

Recién nacido Meleagro, príncipe de Calidón, las tres parcas predijeron que la vida del niño duraría tanto como un tronco de árbol que estaba ardiendo en la chimenea. Entonces Altea, madre de Meleagro, sacó el tronco del fuego, lo apagó y lo guardó en un lugar secreto de su palacio.
Meleagro creció fuerte y sano y llegó a ser el mejor lancero de Grecia.
Un año que hubo una gran cosecha Eneo, rey de Calidón y padre de Meleagro, ofreció un sacrificio a los dioses para darles las gracias por la próspera cosecha pero olvidó homenajear a la diosa Artemisa que se sintió despreciada y para vengarse envió un enorme jabalí a los campos de Calidón que arrasó los campos de trigo, destrozó las parras y los olivos, mató los rebaños y atemorizó a los granjeros que huyeron a refugiarse tras los muros de la ciudad.
El rey Eneo mandó heraldos pidiendo ayuda. Acudieron valientes cazadores de todos los rincones de Grecia deseosos de tener el honor de matar al jabalí y quedarse con su piel como trofeo. Los participantes en la cacería fueron numerosos, además de Meleagro llegaron héroes de toda Grecia como Jasón, Anceo, Ificles (hermano gemelo de Heracles), el veloz Idas, Linceo, Néstor, Anfiarao, dos centauros, Leucipo, Acasto gran lanzador de jabalina, Plexipo y Toxeo tíos de Meleagro, Teseo (el vencedor del Minotauro), Piritoo amigo de Teseo, Peleo (esposo de Tetis, diosa del mar) y muchos más valientes cazadores. También se presentó una chica alta y delgada, armada de arco y flechas, llamada Atalanta, que deslumbró a todos por su belleza.

Atalanta era hija de Esceneo, rey de Arcadia. Nada más nacer su padre, desilusionado porque quería un hijo varón, la abandonó en la cima de una montaña para que muriera. Pero la diosa Artemisa le envió una osa que la amamantó y cuidó. Atalanta se convirtió así en la hija adoptiva de Artemisa e hizo la promesa de que nunca se casaría. Llegó a ser una gran cazadora y la corredora más rápida del mundo.

Antes de empezar la cacería Anceo dijo:
- Me niego a cazar con una mujer, no debemos dejar que participe.
Meleagro, que se había enamorado de Atalanta nada más verla, le obligó a callar.
Cuando sonaron los cuernos, anunciando el comienzo de la cacería, todos los héroes se adentraron en un bosque de espesa arboleda en el que se había refugiado el jabalí.
Los dos centauros se habían apostado a ver cual de los dos sería el primero en besar a Atalanta. Cuando lo intentaron ella los mató a los dos con sus flechas y siguió caminando tan tranquila.
Linceo vio al jabalí cerca de un arroyo y avisó a los demás. El jabalí al verse acorralado embistió y mató a tres de los cazadores. Néstor se salvó subiéndose a un árbol. El héroe Teseo lanzó su jabalina pero falló. Ificles sólo consiguió rozarle en un costado. Cuando el jabalí estaba a punto de arrollar a Anceo, Atalanta disparó una flecha que alcanzó al jabalí debajo de la oreja e hizo que desviara su trayectoria, salvando a Anceo.
Pero Anceo, desagradecido, no quiso reconocer que Atalanta le había salvado la vida y le gritó:
- ¡Mujer tenías que ser!, has estado a punto de alcanzarme con tu flecha.
Cuando el jabalí volvió a embestir Anceo intentó darle un golpe con su hacha pero el jabalí lo despedazó con sus colmillos. Peleo le lanzó una jabalina pero también falló, la jabalina rebotó en un árbol y mató a otro de los cazadores. Anfiarao, con una flecha, alcanzó al jabalí en el ojo derecho. El jabalí, sintiéndose herido, se revolvió y acorraló a Teseo contra un árbol, entonces Meleagro se acercó al jabalí por el lado derecho por donde no podía verle y le clavó una lanza en el lomo, que le atravesó el corazón, matándole en el acto. Inmediatamente Meleagro le quitó la piel y se la dió a Atalanta diciendo:
- Te la mereces porque tu flecha le habría causado la muerte muy pronto.
Los tíos de Meleagro protestaron:
- No es justo, Atalanta sólo provocó una herida, tú lo has matado.
Meleagro respondió:
- Callaos, ya he tomado la decisión de darle la piel a Atalanta.
- Lo has hecho porque te has enamorado de esa chica, le respondió uno de sus tíos, piensa en lo que dirá tu esposa.
- Pide disculpas o te mataré, gritó Meleagro.
El otro tío dijo:
- Mi hermano no tiene porque pedir disculpas, cualquiera puede ver que ha dicho la verdad.
Entonces Meleagro, cegado por la ira, atravesó con su lanza a sus dos tíos.

Cuando la madre de Meleagro se enteró que éste había matado a sus dos hermanos favoritos sacó el tronco que guardaba y lo arrojó al fuego.
Meleagro sintió de repente un fuego interno y una gran quemazón y murió lentamente cumpliéndose así la profecía de las tres parcas.

El padre de Atalanta, rey de Arcadia, al enterarse que su hija había ganado la piel del jabalí de Calidón se sintió muy orgulloso y la mandó llamar, diciéndole:
- Bienvenida a casa, te pido perdón por haberte abandonado, desde ahora te reconozco como mi hija y heredera y buscaré un esposo digno de tí.
Pero como Atalanta había prometido que nunca se casaría le dijo a su padre:
- Me casaré con el primer hombre que logre ganarme en una carrera, pero los perdedores deberán morir.
El rey aceptó y durante uno o dos años ningún pretendiente logró vencer a Atalanta.
Entonces Hipómenes, biznieto de Poseidón, que se había enamorado de Atalanta ofreció un sacrificio a Afrodita para que le ayudara.
Afrodita le prestó a Hipómenes tres manzanas de oro para que pudiera distraer a Atalanta durante la carrera.
Empezó la carrera, Hipómenes iba tirando las manzanas de oro, de una en una, y Atalanta se iba agachando para recogerlas. Con esta estratagema el astuto Hipómenes pudo vencer a Atalanta y casarse con ella.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Mythologia 7: Orfeo y Eurídice

Orfeo era poeta y músico. Tocaba tan bien la lira que amansaba a los animales salvajes y las piedras y los árboles se movían para poder escucharle. Su padre era el dios Apolo. Su madre era Calíope una de las nueve musas que inspiraban a los poetas.


Estaba muy enamorado de su esposa, la ninfa Eurídice, y eran muy felices. Pero un triste día, Eurídice paseando por el campo pisó sin darse cuenta una serpiente que le mordió en un tobillo. Eurídice murió y Orfeo se puso muy triste, se le quitaron las ganas de tocar la lira y ya no quería cantar ni recitar poesías.
Orfeo no podía vivir sin Eurídice por lo que decidió ir al Hades para buscarla. Así que sin decir nada a sus amigos ni a su familia cogió la lira y se marchó.

Después de muchos días de viaje llegó a la laguna Estigia donde el barquero Caronte no quiso cruzarle al otro lado en su barca porque sólo cruzaba a los muertos y Orfeo estaba vivo. Entonces Orfeo entonó un canto tan hermoso que hechizó a Caronte y lo pasó al otro lado de la laguna. Hizo lo mismo con el perro Cerbero y con las tres furias.

Cuando llegó al palacio del dios Hades y la diosa Perséfone, Orfeo les cantó su amor por Eurídice y los convenció para que la dejaran marchar. Los dioses aceptaron pero con la condición de que Orfeo no mirara ni una sola vez hacia atrás hasta que no llegara al mundo de los vivos.
Empezó el viaje de vuelta sin mirar atrás pero, cuando llegó a la laguna Estigia, justo antes de subir a la barca de Caronte, dudó de la palabra de los dioses, se dio la vuelta y vio a su amada Eurídice que lo seguía pero, por haber desobedecido, Eurídice desapareció y volvió al reino de los muertos.

Muerte de Orfeo:

Zeus decidió admitir en el Olimpo a su hijo Dionisos porque había inventado el vino.
Orfeo no quiso aceptar al nuevo dios porque no le gustaba su forma de comportarse.
Dionisos enfadado envió a las Ménades a castigar a Orfeo que le cortaron la cabeza y partieron su cuerpo en pedacitos.
Las musas recogieron los trozos del cuerpo de Orfeo y los enterraron al pié del monte Olimpo donde se dice que los ruiseñores cantan con más dulzura que en ningún otro lugar. Apolo llevó la lira de Orfeo al cielo y formó la constelación que desde entonces lleva el nombre de la Lira.
Orfeo fue al Hades y en los Campos Elíseos encontró a Eurídice de la que no se ha vuelto a separar jamás.

sábado, 14 de julio de 2007

Mythologia 6: La caja de Pandora

Los dioses encargaron a los hermanos Prometeo y Epimeteo que crearan a los animales y al hombre y que les dieran los recursos necesarios para sobrevivir. Epimeteo creó a todos los animales. Prometeo modeló cuidadosamente a los hombres con una mezcla de tierra y agua, procurando que se parecieran a los dioses.
Epimeteo pidió a Prometeo que le permitiese distribuir las cualidades de los animales:
- Una vez que yo haya hecho la distribución -le dijo- tú la revisas.
Epimeteo, con el permiso de Prometeo, comenzó el reparto. A unos les daba fuerza, pero no rapidez, que se la daba a los más débiles, a otros armas, a los que proporcionaba un cuerpo pequeño les daba alas para volar, a otros un cuerpo grande para que pudieran defenderse. Así, de forma equitativa, fue distribuyendo todas las facultades para que todas las especies pudieran sobrevivir. Después los cubrió de pelo espeso y piel gruesa para protegerlos del frío del invierno y del calor del verano. Para que pudieran moverse con comodidad a algunos les puso en los pies cascos y a otros una piel gruesa. Para que se alimentaran a unos les dio hierbas de la tierra; a otros frutos de los árboles y a otros raíces y hubo especies a las que permitió alimentarse con la carne de otros animales. A los animales que eran comidos por otros animales les concedió una gran fecundidad para evitar que su especie desapareciera.
Epimeteo, que no era muy listo, gastó, sin darse cuenta, todas las cualidades en los animales más brutos y dejó a la especie humana sin facultades.

Cuando llegó Prometeo para revisar el trabajo de Epimeteo vio a todos los animales armoniosamente equipados y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigo y sin armas para defenderse.
Se acercaba el día en el que los hombres debían vivir en la tierra y Prometeo que amaba a los hombres les concedió el fuego para que pudieran sobrevivir y les enseñó a respetar a los dioses. Los hombres, como estaban hechos a semejanza de los dioses, adquirieron la capacidad de articular sonidos, vocales, palabras y nombres, inventaron viviendas, vestidos, calzado y aprendieron a obtener alimentos de la tierra.
Un día Prometeo sacrificó un gran toro a los dioses e intentó, como siempre, favorecer a los hombres, aunque tuvo que engañar a los dioses. Para conseguirlo hizo dos partes con el asado. En un montón escondió la carne bajo una capa de huesos y tendones, en el otro montón puso el resto de los huesos y los cubrió con apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió el plato de huesos y Prometeo se quedó con el plato de carne para los hombres.
Zeus, enfadado por el engaño, quitó a los hombres el fuego.
Prometeo, apenado por los hombres, trepó al monte Olimpo y robó a Atenea la sabiduría de las artes y a Hefesto el fuego de su forja. De este modo recibieron los hombres los conocimientos y los recursos necesarios para conservar la vida.


EL CASTIGO DE ZEUS:
Para vengarse de Prometeo por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que creara la primera mujer de la tierra.
Hefesto modeló con arcilla una bellísima mujer que se llamó Pandora. Cuando Zeus le infundió vida la belleza de Pandora impresionó a todos los dioses del Olimpo y cada dios le fue concediendo una cosa. Atenea la dotó de sabiduría, Hermes de elocuencia y Apolo de dotes para la música. El regalo de Zeus consistió en una hermosa caja, que se suponía contenía tesoros para Prometeo, pero le dijo a Pandora que la caja no podía abrirse bajo ningún concepto, lo que Pandora prometió a pesar de su curiosidad.
Pandora y su caja fueron ofrecidos a Prometeo, pero este no se fiaba de Zeus y no quiso aceptar los regalos. Para que Zeus no se ofendiera Prometeo entregó ambos regalos a su hermano Epimeteo y le dijo que guardara bien la llave de la caja para que nadie pudiera abrirla. Cuando Epimeteo conoció a Pandora se enamoró locamente y se casó con ella, aceptando la caja como dote.
Un día Pandora, que era muy curiosa, no pudo aguantar más, le quitó la llave a Epimeteo y abrió la caja, de la que salieron cosas horribles para los seres humanos como enfermedades, guerras, terremotos, dolor, hambre y otras muchas calamidades.
Al darse cuenta de lo que había hecho, Pandora intentó cerrar la caja, pero sólo consiguió retener dentro la esperanza que, desde entonces, ayuda a todos los hombres a soportar los males que se extendieron por toda la tierra.

PROMETEO ENCADENADO:
El castigo de Prometeo fue horrible. Zeus ordenó a Hefesto que lo encadenara a una roca del monte Cáucaso, donde todos los días enviaba a un águila, hija de los monstruos Tifón y Equidna, para que se comiera el hígado de Prometeo. Como Prometeo era inmortal, su hígado volvía a crecer cada noche, y el águila volvía a comérselo cada día. Este castigo debía de durar toda la eternidad pero cuando habían transcurrido treinta años, Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y mató con una flecha al águila. Zeus perdonó a Prometeo aunque le condenó a llevar las cadenas y la roca durante toda la eternidad.

martes, 26 de junio de 2007

Mythologia 5: Perseo

Perseo era hijo del dios Zeus y la mortal Dánae.
Acrisio, rey de Argos, deseaba un hijo varón, pero sólo había tenido una hermosa hija llamada Dánae.
Cuando consultó al oráculo si podría tener hijos varones, éste le dijo:
- Tú no podrás engendrar hijos varones, pero tu hija Dánae tendrá un niño que te matará.
Para impedir esta profecía Acrisio encerró a su hija dentro de una torre de piedra y no dejaba entrar a nadie. Pero el dios Zeus la vio un día asomada a las almenas y se enamoró de élla, entonces tomó la forma de lluvia dorada para llegar hasta Dánae sin que nadie lo viera y pedirle que se casara con él. Dánae aceptó y tuvieron un hijo llamado Perseo.

Acrisio no quiso matar a su nieto, así que encerró a Dánae y Perseo en un baúl de madera y los echó al mar. Zeus ordenó a Poseidón que calmara las aguas del mar y el arca llegó flotando a la isla de Sérifos en cuya costa los encontró el pescador Dictis que los llevó a su casa y educó a Perseo como a su propio hijo hasta que se convirtió en un valiente y apuesto joven, dotado de todas las virtudes.
Polidectes, rey de Sérifos, se enamoró de Dánae nada más verla y todos los días le pedía que se casara con él, pero Dánae siempre respondía que ya estaba casada con el dios Zeus.

Cuando Perseo cumplió 15 años Polidectes pidió a cada habitante de la isla de Sérifos un caballo para ofrecer una gran dote a una princesa de Grecia con la que quería casarse.
Perseo fue a hablar con el rey Polidectes y le dijo:
- No tengo caballos, ni tampoco dinero para comprarlos, pero si prometes dejar de molestar a mi madre te traeré cualquier cosa, incluso la cabeza de la górgona Medusa.
Medusa había sido una bellísima mujer a la que la diosa Atenea había castigado convirtiéndola en una górgona, monstruo horrible con alas, enormes dientes y serpientes en lugar de cabellos. Si alguien la miraba se convertía en piedra.
Polidectes aceptó el ofrecimiento de Perseo porque pensaba que Medusa lo convertiría en piedra y así nadie le impediría casarse con Dánae.
Zeus ordenó a los dioses que ayudaran a su hijo Perseo a cumplir su promesa. Atenea le regaló un escudo tan pulido que reflejaba las imágenes como un espejo para que pudiera ver a Medusa sin convertirse en piedra y el dios Hermes una hoz muy afilada para que pudiera cortar la cabeza de Medusa.

Pero Perseo necesitaba algunas cosas más que guardaban las náyades de la laguna Estigia. Unas sandalias con alas para poder volar, un zurrón mágico para guardar la cabeza de Medusa y el casco del dios Hades que hacía invisible a quién lo llevara. Como no sabía dónde estaba la laguna Estigia tuvo que preguntar a las tres grayas, que eran tres viejas hermanas que vivían en el monte Atlas y sólo tenían un ojo y un diente para las tres y para poder ver y comer se los iban pasando de una a otra.

Perseo se colocó detrás de las grayas sin que lo vieran y les quitó su único ojo y su único diente. Cuando las tres hermanas le dijeron a Perseo el camino secreto de la laguna Estigia, éste les devolvió su ojo y su diente.
Cuando encontró a las náyades las amenazó con contar a todo el mundo lo feas que eran y dónde vivían si no le prestaban el zurrón mágico, el casco de la invisibilidad y las sandalias con alas. Las náyades le prestaron todas esas cosas y con ellas Perseo se fue a Libia, dónde vivía la górgona Medusa.
Gracias a las sandalias con alas y al casco que lo hacía invisible pudo llegar hasta la górgona sin que ella lo viera y mirando a través del escudo le cortó la cabeza con la hoz. De la sangre de Medusa nació el caballo Pegaso. Perseo recogió la cabeza y, sin mirarla, la guardó en el zurrón mágico y emprendió el camino de vuelta.

Cuando fue a darle las gracias a las tres hermanas grayas por su ayuda el titán Atlas lo llamó y le dijo:
- Dile a tu padre Zeus que como no me libere pronto de este trabajo dejaré de sujetar el cielo y el mundo se acabará para siempre.
Rápidamente Perseo le enseñó la cabeza de Medusa, Atlas se convirtió en piedra y formó la cordillera del Atlas.
Más tarde salvó a Andrómeda, una hermosa princesa, a la que había raptado un terrible monstruo marino. Perseo y Andrómeda se enamoraron, pero Fineo, rey de Tiro, quería casarse con Andrómeda y se presentó con su ejército para impedirles que se marcharan. Perseo sacó la cabeza de Medusa y los petrificó a todos.
Luego le regaló la cabeza de Medusa a Atenea y le pidió a Hermes que devolviera el casco, el zurrón y las sandalias a las náyades de la laguna Estigia.

Perseo y Andrómeda se casaron y se fueron a Argos a conocer a Acrisio, abuelo de Perseo. Cuando Acrisio se enteró que su nieto estaba a punto de llegar se fue de Argos y se escondió para evitar la profecía.
Perseo no pudo conocer a su abuelo. Pero un día que estaba participando en unos juegos deportivos, organizados por el rey Teutámides de Larisa, su abuelo Acrisio estaba entre los espectadores sin saber que su nieto era uno de los competidores. Cuando llegó el turno del lanzamiento de disco un golpe de viento desvió el disco de Perseo y partió la cabeza a su abuelo, cumpliéndose así la predicción del oráculo.
Perseo y Andrómeda vivieron felices muchos años y cuando murieron el dios Zeus los convirtió en las constelaciones que llevan sus nombres

viernes, 8 de diciembre de 2006

Mythologia 4: Sísifo

Hijo de Eolo, fundó la ciudad de Corinto de la que fue rey. Destacó por su astucia e ingenio. Rodeó toda su ciudad con grandes murallas para que los viajeros tuvieran que pagar por pasar por allí.
Tenía muchos rebaños y su vecino Autólico le robaba las vacas. Como el dios Hermes le había concedido a Autólico el don de convertir los toros en vacas y de cambiar el color de blanco a rojo, Autólico le robaba a Sísifo los toros blancos y los convertía en vacas rojas.
Sísifo veía como su rebaño era cada día más pequeño y el de Autólico cada vez más numeroso por lo que empezó a sospechar y se le ocurrió la idea de grabar en las pezuñas de sus vacas la frase "me ha robado Autólico", de esta manera pudo demostrar que le estaban robando. Admirado Autólico de la inteligencia de Sísifo le entregó a su hija Anticlea para que tuviera hijos tan astutos como Sísifo.

El ingenio de Sísifo también pudo con los mismísimos dioses del Olimpo, aunque al final le costó la vida. Un día que Sísifo estaba en su palacio vio pasar un enorme águila que llevaba entre sus garras una hermosa mujer. El águila era el dios Zeus que había raptado a la bella Egina hija de Asopo, dios de los ríos. Al rato llegó Asopo y le pidió a Sísifo que le ayudara a encontrar a su hija. Entonces Sísifo le dijo a Asopo que le diría el nombre de la persona que había raptado a su hija si a cambio creaba un río en la colina donde estaba construyendo la ciudad de Corinto. Asopo así lo hizo y Sísifo le contó hacia donde se había dirigido Zeus. Cuando Asopo los encontró, Zeus salió corriendo y se transformó en roca para poder escapar de Asopo.
El castigo de Zeus a Sísifo por su traición fue terrible, lo condenó a muerte y envió a su hermano Hades a buscarlo para llevárselo al país de los muertos. Pero Sísifo engañó también a Hades y cuando éste intentó ponerle unas esposas le preguntó:
- ¿Qué son esos brazaletes metálicos?
Y Hades le contestó:
- Son unas esposas y sirven para encadenar a los presos.
Sísifo le dijo:
- Por favor, enséñame como funcionan.
Hades se puso las esposas a sí mismo y Sísifo aprovechó para escapar.
Zeus liberó a Hades y mandó otra vez a Sísifo al reino de los muertos.
Pero Sísifo le dijo a su mujer que cuando muriese no le hiciese ningún funeral y cuando llegó al país de los muertos se quejó a la diosa Perséfone que su familia ni siquiera había tenido tiempo para enterrarle y le pidió que le dejara volver a la tierra para poder preparar su entierro. Perséfone le dejó marchar diciéndole:
- Muy bien puedes irte a arreglar tus cosas, pero vuelve mañana sin falta.
Pero Sísifo no volvió en mucho tiempo.
Finalmente Hermes lo llevó nuevamente al reino de los muertos donde se le condenó a subir una enorme roca a lo alto de una colina, pero, cuando está casi a punto de llegar a la cima, se le escapa y tiene que empezar de nuevo a subir la piedra y así durante toda la eternidad.

(Se cuenta en el Olimpo que la roca que Sísifo tiene que empujar es exactamente igual a la roca en la que se transformó Zeus para que no lo descubriera Asopo, padre de Egina).

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Mythologia 3: Dédalo e Icaro

Dédalo fue un prestigioso arquitecto, inventor y escultor, muy respetado en su ciudad natal de Atenas. Trabajaba en su taller junto con su sobrino Talo, quién aparentaba ser un gran sucesor de su tío. Llegado el momento en que los celos comienzan a fusionarse, Dédalo, entre una madrugada y otra decide matar a su sobrino, sacarse del medio esa tortura constante.
Un día invita a Talo a pasear con él por el recinto del templo de atenea y desde lo alto de las murallas lo arroja al vacío, pero la diosa Palas transformó al muchacho en pájaro "cubriéndolo de plumas mientras caía". Luego baja del recinto, recoge el cadáver de su sobrino y lo entierra en un baldío.

Días mas tarde el tribunal consigue las pruebas del delito y condena a muerte a Dédalo, éste consigue escapar y embarca en un navío que va a Creta. Allí es recibido con todos los honores por el rey Minos, quien lo convierte en su servidor.
Un día, Pasifae, la esposa de Minos, pide al escultor que le fabrique una figura de vaca que se semejara a la real para cometer un delito con el toro blanco de Creta. Esto lleva a cabo el nacimiento de una criatura dotada mitad de cuerpo humano y mitad de toro: El Minotauro. Para tratar de esconderlo, Minos ordena a Dédalo que construya un laberinto de donde jamás pudiera salir esta bestia. Al pasar los días en ésta celda, el minotauro, que se rehusaba a los alimentos ofrecidos, exige carne humana.

Al enterarse el deseo del monstruo, Minos tiene una idea, obligar a los atenienses a enviar tributos de siete muchachos y siete doncellas para ser devorados por la fiera.
Teseo, el hijo del rey de Atenas, parte rumbo a Creta con el fin de asesinar al Minotauro, lo cual logra con la ayuda de Ariadna, la hija de Minos. Teseo se introduce en el laberinto llevando un ovillo de lana que desenrolla desde el principio para poder regresar cuando lo fuese necesario, este entra en la morada del monstruo y lo apuñala por la espalda y vuelve a su pueblo natal con Ariadna.

Con la esclava Naucrates, Dédalo tuvo un hijo llamado Icaro, el cual fue encerrado junto con su padre dentro del laberinto por los engaños cometidos al rey.
Con el pasar del tiempo a Dédalo se le ocurre la idea de construirse alas para escapar del laberinto, y comienza a juntar plumas, las cuales va uniendo con trozos de lino abandonados en el laberinto y cera extraída de los panales de abejas. Así conforma los dos pares de alas que los elevan hacia el cielo de Grecia.
Los primeros momentos de vuelo son complicados. Los cuerpos no encuentran el equilibrio exacto, por lo cual Dédalo recomienda a Icaro que vuele siempre a una altura media: ni demasiado bajo, para no hundirse en el mar, ni demasiado alto, para que el sol no quemara las frágiles plumas.

Dédalo llevando la delantera no observa que Icaro, deslumbrado por la belleza del firmamento y con la música de los pájaros, comienza a cobrar altura poco a poco. Hasta que llega el momento en que los rayos del sol comienzan a ablandar la cera que sujetaba las plumas y éstas empiezan a desprenderse poco a poco hasta que Icaro cae al mar. Cuando Dédalo mira atrás, no encuentra a su hijo, pero ve dos alas que flotan en el mar y sobrevuela el lugar infinitas veces tratando de encontrar el cadáver de su hijo.

Dédalo llega a Sicilia y se pone bajo el servicio del rey Cócalo para quien construye un embalse, fortifica la ciudad...
Por su parte, Minos no se resigna a dejar escapar a Dédalo e inicia una intensa búsqueda. Para averiguar el lugar en que se esconde, por todas las ciudades por donde pasa, propone un problema técnico-intelectual y, al ver que el rey Cócalo le devuelve solucionado el problema, ya sabe dónde se halla el hábil Dédalo. En vano pedirá al rey que se lo entregue. Por el contrario, cuando Minos se está bañando, informadas por Dédalo de las costumbres de Minos, las hijas de Cócalo lo matarán echándole agua hirviendo.

martes, 28 de noviembre de 2006

Mythologia 2: Eco y Narciso

...Eco merece una disgresión. Su alegría y parlachinería cautivaron a Júpiter; sorprendidos en adulterio por Juno, castigóla ésta a que jamás podría hablar por completo; su boca no pronunciaría sino las últimas sílabas de aquello que quisiera expresar.

Pues bien, viendo Eco a Narciso quedó enamorada de él y le fue siguiendo, pero sin que él se diera cuenta. Al fin decide acercársele y exponerle con ardiente palabrería su pasión. Pero.. ¿Cómo podrá si las palabras le faltan? Por fortuna, la ocasión le fue propicia. Encontrándose solo el mancebo, desea darse cuenta de por dónde pueden caminar sus acompañantes y grita: "¿Quién está aquí?" Eco repite las últimas palabras "... está aquí". Maravillado queda Narciso de esta voz dulcísima de quien no ve. Vuelve a gritar: "¿por qué me huyes?" Eco repite: "... me huyes". Y Narciso: "¡juntémonos!" Y Eco: "...juntémonos". Por fin se encuentran. Eco abraza al ya desilusionado mancebo. Y éste dice terriblemente frío: " No pensarás que yo te amo..." Y Eco repite, acongojada: "...yo te amo". "¡ Permitan los dioses soberanos -grita él- que antes la muerte me deshaga que tú goces de mí!"

Huyó, implacable, Narciso. Y la ninfa así menospreciada, se refugió en lo más solitario de los bosques. La consumía su terrible pasión. Deliraba. Se enfurecía. Y pensó: "¡ojalá cuando él ame como yo amo, se desespere como me desespero yo!"


Némesis, diosa de la venganza -y a veces de la justicia- escuchó su ruego. En un valle encantador había una fuente de agua extremadamente clara, que jamás había sido enturbiada ni por el cieno ni por los hocicos de los ganados. A esa fuente llegó Narciso, y habiéndose tumbado en el césped para beber, Cupido le clavó, por la espalda, su flecha... Lo primero que vio Narciso fue su propia imagen, reflejada en el propio cristal. Insensatamente creyó que aquel rostro hermosísimo que contemplaba era de un ser real , ajeno a sí mismo. Sí, él estaba enamorado de aquellos ojos que relucían como luceros, de aquellos cabellos dignos de Apolo. El objeto de su amor era... él mismo. ¡ Y deseaba poseerse! Pareció enloquecer... ¡No encontraba boca para besar! Como una voz en su interior le reprochó: "¡insensato!" "¿cómo te has enamorado de un vano fantasma? Tu pasión es una quimera, retírate de esa fuente y verás como la imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo está, contigo ha venido, se va contigo... ¡y no la poseerás jamás!."

Alzó los brazos al cielo Narciso. Llorando. Tiróse los cabellos. Y gritó, blasfemo así: "Decidme selvas, vosotras que habéis sido testigo de tantos idilios apasionados... ¿por qué el amor es tan cruel para mí? Hace siglos que existís; decidme ¿visteis nunca un amor obligado a sufrir designios más rudos? Yo veo al objeto de mi pasión y no le puedo encontrar. No me separan de él ni los mares enormes, ni los senderos inaccesibles, ni las montañas, ni los bosques. El agua de una fontana me lo presenta consumido del mismo deseo que a mí me consume. ¡Oh pasión mía! ¡quienquiera que seáis, aproximaos a mí como a vos me aproximo! ¡Ni mi juventud ni mi belleza son causas para vuestro temor! Yo desdeñe el amor de todas las ninfas... No tengáis para mí el mismo desdén. Pero ¿ si me amáis, por qué os sirvo de burla? Os tiendo mis brazos y me tendéis los vuestros. Os acerco mi boca y vuestros labios se me ofrecen. ¿Por qué permanecer más tiempo en el error? Debe ser mi propia imagen la que me engaña. Me amo a mí mismo. Atizo el mismo fuego que me devora. ¿Qué será mejor: pedir o que me pidan? ¡ Desdichado de mí que no puedo separarme de mí mismo! A mí me pueden amar otros, pero yo no me puedo amar...¡Ay! El dolor comienza a desanimarme. Mis fuerzas disminuyen. Voy a morir en la flor de la edad. Mas no ha de aterrarme la muerte liberadora de todos mis tormentos. Moriría triste si hubiera de sobrevivirme el objeto de mi pasión. Pero bien entiendo que vamos a perder dos almas una sola vida."


Dicho esto, tornó Narciso a contemplarse en la misma fuente. Y lloró, ebrio de pasión, ante su propia imagen. Volvió a traslucir frases entrecortadas... ¿Quién? ¿Narciso? ¿Su imagen llorosa? "¿por qué me huyes? Espérame, eres la única persona a quien yo adoro. El placer de verte es el único que queda a tu desventurado amante."

Poco a poco Narciso fue tomando los colores finísimos de esas manzanas, coloradas por un lado, blanquecinas y doradas por el otro. El ardor le consumía poco a poco. La metamorfosis duró escasos minutos. Al cabo de ellos, de Narciso no quedaba sino una rosa hermosísima, al borde de las aguas, que se seguía contemplando en el espejo sutilísimo.

Todavía se cuenta que Narciso, antes de quedar transformado pudo exclamar: "¡Objeto vanamente amado...adiós...!" Y Eco: "... adiós" cayendo enseguida en el césped rota de amor. Las náyades, sus hermanas, le lloraron amargamente meneándose las doradas cabelleras. Las dríadas dejaron romperse en el aire sus lamentaciones. Pues bien: a los llantos y a las lamentaciones contestaba Eco... cuyo cuerpo no se pudo encontrar. Y, sin embargo, por montes y valles, en todas las partes del mundo, aún responde Eco a las últimas sílabas de toda la patética voz humana.

martes, 21 de noviembre de 2006

Mythologia 1: Más allá de la muerte

El Hades, antiguo inframundo griego, morada de los muertos, lugar donde las almas de éstos eran guiadas por el Dios mensajero Hermes para ser juzgadas y conocer su destino final.
Los fallecidos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, porteados por Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, pequeña moneda que ponían bajo la lengua del difunto sus piadosos familiares. Los indigentes y los que no tenían amigos ni familias se reunían para siempre en la orilla cercana. Los espíritus guiados por Caronte llegaban entonces al otro lado del caudal, hasta las puertas del Hades, vigiladas por un horrible y gigantesco perro humanoide de tres cabezas y con cola de serpiente, Cerbero. Más allá de Cerbero, las sombras de los difuntos entraban en la tierra de los muertos para ser juzgadas.



Allí un tribunal formado por 3 jueces, Minos, Radamantis y Éaco, elegidos por su gran sabiduría y por la vida ejemplar que habían llevado, sometía a los espíritus recién llegados a un juicio de los actos que habían realizado en vida.
Según el veredicto de este juicio, los espíritus seguían uno de los siguientes tres caminos o senderos.
Si no eran juzgados ni como bondadosos ni como malvados, las almas eran enviadas de nuevo por el ramal principal del Estigia hasta los Campos de Asfódelos, el lugar más frecuentado, porque pocos lograban convencer a los jueces de que tenían derecho a trato distinto. La gran mayoría de las almas, pálidos reflejos de los vivos que fueron, se quedaban eternamente en esta zona intermedia. Muchos permanecían en aquel triste lugar donde la noche y el día no eran más que un eterno crepúsculo. Los condenados se pasaban la eternidad dando vueltas sin objeto.
Si habían sido considerados malvados, los espíritus eran enviados a la región del Tártaro, lugar de tormento y sufrimiento eternos.
Si en el juicio habían sido considerados como bondadosos, entonces eran enviados a los Campos Elíseos, un tranquilo y apacible lugar donde los espíritus vivían en felicidad.

domingo, 19 de noviembre de 2006

Estigio

Estigio, Estigia, Estige, Estix... en la mitología griega, uno de los ríos de los Infiernos. Sus aguas negras y ponzoñosas formaban una zona pantanosa e intransitable, a orillas de la cual se apiñaban las sombras errantes de los muertos que no habían recibido sepultura.